Cuando las fantasías deben convivir con la realidad

Cuando las fantasías deben convivir con la realidad
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Fantasear no es cosa de hombres, de mujeres, de ricos o pobres. Es algo que todos conocemos y que en cualquier caso deberíamos fomentar.

Dar rienda suelta a alguno de nuestros sueños húmedos puede enriquecer nuestra vida sexual de un modo que no habríamos imaginado antes. Practicar sexo en un sitio público, hacer un trío, tener una amante, ir a una orgía…

Un estudio publicado por el Diario de Investigación Sexual en Estados Unidos llegó a la conclusión que el 98% de los hombres y el 80% de las mujeres con pareja habían admitido haber fantaseado con alguien más mientras mantenían relaciones con su pareja.

Un tipo de pensamientos que son más normales de lo que la gente cree y que en ningún caso manifiestan problema alguno en la relación, mucho menos tendencia hacia la infidelidad, y que son muy sanos a nivel sexual.

 

LAS FANTASIAS MEJORAN NUESTRA VIDA SEXUAL

Las fantasías permiten a las parejas experimentar una variedad que no se podría alcanzar de otro modo, dar rienda suelta a un alter ego atrapado o liberar simplemente facetas privada previamente reprimidas.

Fantasear es sinónimo de una vida sexual plena y de una mayor satisfacción en este terreno.

 

“NO HA SIDO COMO ME IMAGINABA”

Sin embargo, una vez hemos llegado a ese punto en el que queremos poner en práctica esa fantasía sexual con la que tanto hemos soñado hemos de tener en cuenta que es posible que aparezcan fallos en la estrategia o altos en el camino con los que no contábamos.

Y es que después de dar rienda suelta a nuestra imaginación y ponerse manos a la obra, es posible que acabemos formulándonos: ¿Será verdad que las fantasías sexuales son mejores en mi imaginación que no en la realidad?

Sí y no. Algunas lo serán, otras no. Y por supuesto, dependerá de la persona.

No será lo mismo llevar a cabo una fantasía donde lo único que se requiere es una vestimenta fuera de lo habitual o inspirada en una película de George Lucas que una fantasía para la que es necesario contar con la participación de una o más persona más.

De hecho, en esta segunda fantasía suele suceder algo curioso. La persona que la propone es quién acaba pasándolo peor mientras que la que se ha dejado llevar es quién acaba disfrutando de todo mucho más.

Esto en realidad ocurre porque la idea de la fantasía siempre está muy bien construida y detallada en la mente de la persona que la quiere llevar a cabo. Es el director de orquestra y el que sabe qué pasa en cada segundo de la obra. Por eso mismo, al representarla es muy fácil que algo no funcione de la misma manera como se había imaginado.

Por todo ello es importante establecer unas reglas claras que ayuden a que todos los que participen se sientan cómodos con el juego y que nada se descontrole.

Todas las fantasías, en cualquiera de sus modalidades o representaciones, se pueden disfrutar. Simplemente hay que ser conscientes de que aun saliéndose del guión y ejecutándolas de un modo diferente al imaginado inicialmente, también pueden llegar a ser igual de excitantes. Pueden llegar a serlo aún más incluso.

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