Sexo de pago

Sexo de pago

El otro día, en medio de una charla, un amigo me dijo “todo tiene un precio”. No estuve de acuerdo: hay cosas que no lo tienen, o al menos, no deberían tenerlo. ¿Venderías una parte de tu cuerpo por dinero? ¿tus manos? ¿tus piernas? ¿o negociarías con el bienestar de un ser querido como moneda de cambio? ¿y en ese caso, por qué cantidad estarías dispuesto a hacerlo? ¿el sufrimiento de alguien debería poder comprarse? … tras unos minutos de reflexión, en los que yo estiraba la cuerda poniendo ejemplos cada vez más desagradables, a mi amigo no le quedó más remedio que reconocer que yo tenía razón. Aunque todos sabemos de casos horribles, la ética marca que no todo puede ser susceptible de comercio. La dignidad, por ejemplo, es una de esas cosas.

No a la esclavitud sexual

Cualquier situación que resulte indigna a la persona que la sufre, no debería tener un precio. Y es por ello que desde Eulàlia Roig, y a la vista de algunas situaciones que están saliendo a la luz a través de los medios de comunicación, queremos manifestar nuestra repulsa a cualquier situación de esclavitud vivida al abrigo de nuestra profesión. Lamentablemente, en nuestro sector no es raro encontrar dolorosos asuntos de compraventa de seres humanos y violación sistemática de los derechos fundamentales de personas especialmente frágiles, o en situaciones de exclusión social. Víctimas perfectas que caen en las redes de organizaciones criminales bajo extorsiones o mentiras. Sentimos repugnancia ante esta atrocidad; el sexo puede comprarse, las personas no.

Prostitución legalizada

Sería muy ingenuo pretender que situaciones complejas se resuelvan con soluciones simples. Se ha demostrado que tanto la prohibición de la prostitución como la legalización de la misma, no han servido para regular un sector ya históricamente proclive a la opacidad. El último caso en Alemania, en el que precisamente la legalización de la prostitución originó que mafias muy peligrosas dieran rienda suelta a sus prácticas de explotación de personas, bajo una pátina de aparente “legitimidad”. En esta ocasión, las mafias adaptaron su discurso y protocolos para continuar delinquiendo y captando a chicas procedentes de países del Este con bajos recursos, haciéndolo pasar por una actividad legal. El debate está sobre la mesa: ¿podemos evitar que estas mafias continúen actuando, si en determinadas zonas, la depresión y la ignorancia de partes frágiles de la sociedad, son campo abonado para personas sin escrúpulos?. Desde luego es una pregunta que no parece tener una respuesta única ni fácil.

Experiencias en el sexo por dinero

sexo por dinero

Quisimos asegurarnos de que nuestras colaboradoras no estaban viviendo una posible situación de vejación en la que nosotros no hubiéramos reparado. Y como la transparencia es la base de nuestra empresa, se lo preguntamos directamente. Nos gustó comprobar que algunas respuestas podrían ser en sí mismas, un gran eslogan: a la pregunta de porqué se dedicaban a ésto: todas dijeron que por dinero, aunque algunas respuestas fueron ampliadas con frases del estilo de “me gusta ver cómo disfrutan”, “es algo que me gusta y que me divierte por naturaleza” o “con poca dedicación puedo vivir como yo quiero”. Otra de las preguntas que nos pareció importante fue ¿has tenido alguna mala experiencia en este sector?, la mayoría contestaron que afortunadamente no, o que fueron cosas no importantes. Y a la pregunta ¿qué es lo que más te gusta de este trabajo?, nos alegró leer cosas como “creo que para los clientes somos diversión y en muchas ocasiones compañía”, “he aprendido mucho de mí misma” o “conocer personas muy interesantes”. En cuanto a lo que menos les gustaba, exponían cosas del estilo de “poco estable, a veces mucho y a veces nada” o “clientes pesados o que no huelen bien”. El tema de la asistencia sexual también les pareció relevante, puesto que “algunos perfiles de cliente no podrían acceder a una sexualidad compartida con chicas agradables y cariñosas, si no fuera a través de agencias como la nuestra”.

Prostitución voluntaria

Parece evidente que en una sociedad cada vez más avanzada como la nuestra, en la que la sexualidad puede vivirse de una manera progresivamente más positiva e integrada, se hace necesaria una profesionalización del sector que regule una actividad que -aunque no les guste a ciertas opiniones- ha funcionado desde siempre y seguirá funcionando en un futuro. El oficio más antiguo del mundo es variopinto y complejo, y puede ser ejercido por personas en situaciones muy distintas. Intentar homologarlo y etiquetarlo bajo un único punto de vista es desde luego sesgado y tendencioso, puesto que no toda la prostitución es sórdida y promueve desigualdad. La realidad en la que las chicas ejercen esta actividad desde la total libertad y bajo un respeto mutuo, también existe. Y ahí estamos nosotros.

Prostitución y relación laboral

Nuestro deber como agencia de prestigio es que nuestra actividad quede fuera de toda duda. El sexo de pago no es oscuro y decadente por definición. Dentro de unos parámetros de respeto mutuo y consenso, el sexo de pago es un servicio que la sociedad demanda y al que algunas mujeres quieren dedicarse, para cumplir con unas expectativas personales que no deben ser cuestionadas por el resto. No todo tiene un precio… pero un intercambio sexual vivido desde la libertad, sí puede tenerlo y arrojar un resultado que sea un win-win perfecto: el cliente vive una experiencia sexual agradable y la profesional cobra por los servicios prestados.

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