LO QUE SIENTES POR TU PAREJA: ¿ADMIRACIÓN O ENVIDIA?

LO QUE SIENTES POR TU PAREJA: ¿ADMIRACIÓN O ENVIDIA?

Los sentimientos que aparecen con la convivencia, a veces, resultan confusos y contradictorios, de modo que incluso pueden llegar a cuestionar los cimientos de la relación.

Existen factores que desencadenan, a menudo, el desencuentro: el éxito, es uno de tantos.

Cuando todo se torna en desasosiego, el peligro se localiza cercano y una muy próxima ruptura, acecha.

Compartir pasiones puede ser un gran apoyo durante muchos años, o quizá durante toda una vida. Pero, ¿qué ocurre cuando un despido laboral o un ascenso se interponen en esa relación ideal y magnífica?

De repente, todos esos bellos gestos que existían se convierten en miradas de reproche.

Se crea un ambiente negativo, donde uno quiere algo de lo que carece y que posee el otro. Esto, genera desconfianza, tristeza, frustración, ira o rabia.

Las desigualdades económicas crean complejos insoslayables. 

Por mucho que nos empeñemos e intentemos hacer entender a nuestra pareja que somos un equipo, donde ambos hemos de caminar hacia un misma meta, y donde los logros de uno puedan ser sentidos por ambos, esto en realidad no es tarea fácil, a pesar de la buena voluntad que se supone.

Es esencial, hablar, reflexionar y alentar. En caso contrario, puede convertirse en una pesadilla, en un ‘dormir con el enemigo’.

Sentir admiración por el otro, es la base, en los buenos y en los malos momentos que nos depara la vida y, hay herramientas que pueden sernos útiles para mantener a nuestras emociones “en la línea”.

Las personas necesitamos que los demás nos expresen lo que sienten por nosotros, que no se lo callen. Siempre, que las muestras no sean exacerbadas o se alejen de lo natural.

La humildad, en todo caso, es nuestro mejor referente para encarrilar los malos entendidos. Nuestra pareja siempre tendrá algo que enseñarnos, si nos dirigimos a ella, sin prejuicios y sin ocultar lo que se nos pasa por la cabeza, en cada instante.

El objetivo final es, sin duda, el crecimiento mutuo. Tu pareja no es tu rival. Debe ser, ante todo, tu amigo y confidente.

Pero, no te preocupes… que esto ocurre hasta en las mejores familias: incluso en las familias reales.

Decía Henrik de Dinamarca: “Hoy a la mujer se le da el título de reina, pero su marido no se convierte en rey, por lo que la relación de pareja queda desequilibrada y eso supone un gran trauma”.

En concreto, a él, la situación le hacía sentir que era un inútil, negándose incluso públicamente a asumir un papel de “segundón”, como él lo definía.

Al duque de Edimburgo, marido de la actual reina de Inglaterra, también le ocurrió algo similar. El protocolo lo relegaba a lugares secundarios. Así, comenzaron las noches golfas y sus escarceos por el Soho londinense.

En el caso de los celos, no sólo se despiertan por motivos profesionales. También es habitual que surjan por razones que tienen que ver con el reconocimiento, con la familia o con los amigos, con la belleza, o con el tiempo libre que uno puede disfrutar y el otro no.

La rivalidad, en cualquier caso, y bien entendida, es positiva, siempre que nos empuje a crecer, a desplegar habilidades o, simplemente, a adquirir nuevas destrezas. Siempre hay que buscar el lado positivo de las desgracias, sobre todo, si son las nuestras.

Sólo viendo al otro como alguien atrayente, especial, misterioso y digno de toda nuestra atención, puede nacer el interés.

La reciprocidad es la base de toda pareja saludable.

La reciprocidad y el respeto.

Es verdad que existe un dicho que versa: «detrás de un gran hombre hay una gran mujer». ¡Ciertamente!

Pero, también hay otro que dice que, «detrás de una gran mujer, suele haber un gran divorcio».

El hombre, por lo general, suele ver como un problema que su mujer triunfe y esto se sustancia en una baja autoestima, en escasa o nula asertividad, un narcisismo herido, y pobres estrategias de afrontamiento, baja inteligencia emocional, mal manejo del conflicto y un nocivo estilo de atribución de logros. En suma: una bomba de relojería.

David y Victoria Beckham

Una vez que el “boom” de las ‘Spice Girls’ llegó a su fin, era el turno David, que se convierte en una estrella, A Victoria le tocó respaldar su carrera en el fútbol profesional. Ahora, agotada su gloria deportiva, ella le toma el relevo y se sumerge en su pasión por la moda. He aquí, una pareja, ejemplo de armonía y apoyo mutuo.

Ashton Kutcher y Demi Moore

Despertaron muchas envidias, desde el inicio de su relación. Demi le sacaba 15 años a Ashton, y no existía apenas distancia, en lo que a la celebridad se refiere. Pero en sus seis años de matrimonio las diferencias se hicieron patentes: mientras él firmaba jugosos contratos, ella iba en claro declive. El divorcio, fue de todo menos amistoso.

Scarlet Johansson y Ryan Reynolds

En la alfombra roja eran una pareja diez, pero no llegaron a celebrar ni los dos años.

«Vivir con otro actor es muy complicado. Tiene que haber un entendimiento real de cómo compartes el tiempo. Y si uno de los dos tiene más éxito, todo se hace más competitivo e insoportable», aseveró ella.

Resumiendo, las bases para un armonía son: una buena reflexión, una mejor negociación, una comunicación fluida y un dejar de lado, en todo caso, los prejuicios.

El amor verdadero puede sufrir altibajos, sin duda, y hallarse más o menos presente, pero ni debe ni puede cambiar su naturaleza.

Cuando esto ocurre, y el amor se transforma en odio, entonces no era amor: era envidia.

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