Cap. 3 – Anecdotario de ser escort

Cap. 3 – Anecdotario de ser escort

Y ahora viene cuando te ocurrirán miles de anécdotas. Unas divertidas y otras que te harán repensar tu decisión, historias tan rocambolescas que no entenderás porque te suceden justamente a ti, pero debes recordar que esto es un mundo tan solo para valientes y tú, querida escort, eres una de ellas.

Personalmente, recuerdo miles de anécdotas de todas esas chicas que han ido pasando por la agencia en nuestros 15 años de estabilidad en el sector, historias como las de María…

 

El miedo a ser reconocida

Aquella era una jovenzuela de 22 añitos. De piel blanca y ojos claros, delgaducha y de aspecto angelical, de cara inquieta y mirada feliz. Estudiante por las mañanas y escort por las tardes. Un clásico del sector.

Ella era una mujer fuerte, provenía de una familia desestructurada: uno de esos energúmenos padres alcohólicos unido a una madre desquiciada que recreaba un entorno de lo más hostil. Pero ahí se fortaleció María, con voluntad y ahínco se encontraba estudiando empresariales, viviendo con dos amigas y trabajando los fines de semana como monitora en un parque infantil.

Nuestra protagonista era tremendamente dramática en algunas situaciones. Siempre llegaba 10 minutos antes al apartamento por horas, esos lugares donde el cliente se encuentra con la chica elegida. Es decir, unos apartamentos organizados a modo de hoteles pequeños y discretos donde la chica prepara la cita en privado. Pero María, siempre procuraba llegar con la suficiente antelación para mirar por la mirilla rogando ver una cara desconocida. ¿Será uno de mis profesores?, ¿Y si era el padre de alguna amiga suya?, María siempre sufría durante esos previos momentos, pero es lo más lógico del mundo. Puede pasarte o no, Barcelona o Madrid son ciudades grandes, pero nunca se sabe. Lo que debes tener claro es que ese sentimiento de desconcierto será el mismo para ambos, estaréis en la misma tesitura, los dos frente a frente. ¿Y ahora qué? ¿Jugaréis al parchís? NO. Cada uno por su lado, y amén.

 

Te expones a eso, claro. Pero si eso ocurre, no es un drama. Al fin y al cabo, te había escogido a ti, así que date por alagada. Tu secreto estará a salvo con el suyo así que a otra cosa mariposa… María era todo amor, pero no recuerdo a nadie tan obsesionada con el tema. Esto fue hace algunos años, ahora cada vez menos estáis en esa tesitura. Os va dando igual que os encontréis a un conocido o no. La experiencia y los hábitos sociales van cambiando, no lo dudéis, …

 

Ser escort teniendo pareja

También recuerdo a Azahara, una estudiante de oposiciones para policía, larguirucha, con algo de acné, melena larga y labios carnosos. A sus 21 años, y lesbiana, llegó a la agencia a través de su ex pareja, que también había estado una corta temporada con nosotros. Sí, era lesbiana y es que hay un porcentaje muy alto de lesbianas en este sector. Azahara, se pasaba la mayor parte del tiempo estudiando y trabajando en una tienda. Tenía pareja y se lo escondía, nos solía describir situaciones en las que se mofaba de engañarla y de cómo no le pillaba. Era muy picara.

Ser prostituta, escort, no está reñido con tener pareja. Aunque obviamente tiene que ser una relación distinta a la del resto, pero esto ya es una opinión personal mía.

Pero si tienes pareja y no se lo dices, te estás engañando a ti misma. Y ya no te llevas el premio. Por qué una buena puta, no miente, ha sido tu decisión, sí, pero si no la compartes con tu amor, estás engañando a tu corazón, creando mal rollo, desazón, estrés y mentiras, muchas mentiras.

Si ves que no es compatible, entonces no tengas una pareja estable durante tu reinado en el sector. Estás para ganar dinero y formarte en muchos sentidos. Esto no es Pretty woman, es la carrera para ser la mejor prostituta del siglo XXI, ¡Por si te habías equivocado de sala! Azahara era una mujer independiente, pero fría en sus maneras y en sus emociones. Todo estaba bien siempre para ella. Y por ese motivo nunca se llevó el premio. No fue nunca la puta del siglo XXI, por muy poco.

 

¿Cuándo dejar el sector?

Triana, estuvo seis meses con nosotros. Llegó a Barcelona, desde Sevilla, para hacer un master en diseño y costura en una prestigiosa escuela de la ciudad. Contactó con nosotros por mail, tuvimos una entrevista en una cafetería de la calle Consejo de ciento y, cuando la vi, me asombré de tal belleza, aquella sevillana de 23 años era una Scarlett Johansson en versión mil veces más guapa, incluso a cualquier mujer le hubiese atraído.

Colaboró con nosotros seis meses y ganó un promedio de 3000€ al mes. Después se marchó a Sevilla con el master en sus manos, un montón de vivencias y unos euros para irse ese verano a California con unas amigas. Si, final feliz, qué bonito, qué idílico. Fue así. Sin más, ella no se había dedicado nunca a esto, pero estaba decidida, era una mujer joven, guapa y lista. Esta estuvo a punto de llevarse el premio…Pero nos dejó muy pronto. ¿Cuándo dejarlo? Pregunta del siglo.

 

¿Quieres un dinero rápido por alguna circunstancia? ¿Piensas dedicarte a esto unos años para comprarte una casa o montarte un negocio? Tú decides. Pero no te quemes, organízate, deja días libres para ti, tu familia y amigos. Ponte un horario en el que sepas que vas a rendir. Tú eres autónoma aquí, tú decides.

Siempre decides TU, no lo olvides: La puta del siglo XXI no está en un local turbio, paseándose en tanga junto a sus compañeras para ver si la eligen o no. Ni tampoco la encontrarás en un piso con más compañeras y un encargado pagándolas. Eso no es ser una escort de lujo independiente. Cuida tu tiempo, cuida en qué lugar estas y decide tú qué tiempo quieres seguir siendo una puta. Quizá así, llegues a ser la mejor puta del siglo XXI.

 

Un intrínseco mundo por descubrir

Entre las anécdotas varias, también están los de clientes.

Jordi, catalán de pura cepa, abogado y atractivo. Lo de atractivo, no lo digo como opinión personal sino como opinión de todas las que han estado con Jordi.

Este buen hombre de cincuenta y muchos, era un caballero en toda regla.

Les regalaba bombones, una flor, una cadenita, detalles que abrumaban a cada una de las escorts que llamaba.

Era de sexo fácil pero intenso, le gustaba que le hicieran una felación rápida y fuerte, y que la lengua de la chica recorriera todo su glande en busca de su orgasmo. Un francés final como dios manda. Luego pedía un masaje con aceite, y que la chica apoyara sus pechos mojados encima de su espalda, mientras el revisaba un mail con el móvil. Y era tan galán, que acababan derretidas ante su pene erecto y grande. Jordi tenía una familia, estaba casado y tenía 4 hijos. Desde una posición acomodada y feliz, me contaba que amaba a su mujer pero que no tenían buen sexo, que le había dedicado horas y horas a intentar cambiar el mecanizado y feo sexo que tenía con Laura, su mujer. Pero como hemos oído hasta la saciedad, no había forma. Así que de un modo u otro se buscó lo que no tenía en casa.

Pero ¡ojo! Solo quería una buena felación, era un hombre fácil. Solo pedía un poquito más,… Estas palabras no pretenden ser solamente una guía o una novela acerca de putas. Para mi también es importante transmitir algo, las mujeres somos todo sensualidad, femineidad, sexualidad, … Pero descubramos más horizontes. Busquemos nuevas formas de proporcionarnos placer. Probar otras cosas, improvisar, descubrir jugueteros eróticos, disfraces, escenas, situaciones divertidas.

Conoceros. Cada centímetro de piel que le gusta a él y que le guste a ella. Juguemos, disfrutemos, tengamos relaciones sexuales plenas y completas. Descubramos cosas que no hemos hecho nunca. A mí, por ejemplo, no me gusta escalar. Y al señor Roig, le encanta. La escalada es un deporte de riesgo que para almas como la mía con vértigo es difícil de sobrellevar. Coger una cuerda y asegurarlo en plena montaña, tampoco lo veo. Pero un buen día cogimos sus cuerdas de escalar, y le ayudé a quitar nudos, pero sin esa sensación de vértigo, tan solo la sensación de querer más o más, de anhelar más tensión para esa cuerda que me ataba a la cama y me unía al señor Roig.

Esa sensación de sexualidad y de desconexión. De jugar, de probar, de notar sus besos y su lengua por todo el cuerpo. Desinhibirnos y disfrutar. Es una tontería o quizás no, pero en aquel m omento sentí que había una conexión fuera de serie. Y luego, años más tarde me leí la trilogía del Señor Grey. Y no deja de ser un juego con cariño, con respeto, pero te sales de lo normal. Y yo nunca le acompañé a escalar, pero sentí que, junto a él, escalaba las más grandes montañas.

Las del amor y el sexo unidos. Fue fantástico.

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